Mitos, pecios y demás

Lo reconozco. Soy una mitómana.
Adoro a algunos personajes históricos como Charles Chaplin, las teorías conspiratorias en general, las expediciones polares y los colosos que descansan en el fondo de los océanos.

En este post me voy a centrar en uno de mis temas favoritos. Coincidiendo con el centenario del hundimento del barco conocido como “El Insumergible”, os voy a hablar de una de mis pasiones… El RMS Titanic.

No voy a negar que este tema llamó mi atención a través de la espectacular película de James Cameron allá por los años 90. Pero hasta ahí puedo leer. No trago la historia de amor moñas entre los personajes de Winslet y DiCaprio.
Lo que de verdad me enganchó fue la supuesta cadena de errores que condujo al hundimiento del Titanic y a la pérdida de más de 1500 vidas en el Atlántico norte.

Me niego a seguir especulando sobre qué ocurrió exactamente. Así que si queréis saber más, podéis ilustraros con infinidad de libros, ver documentales e incluso recurrir a la Wikipedia.

Desde que este barco y todo lo relacionado con él captaron mi atención me he dedicado (dentro de mis posibilidades) a visitar los lugares relacionados con la tragedia.

En 2006 visité Southampton, en el sur de Inglaterra. Ví el monumento a los oficiales ingenieros y el monumento la placa dedicada a los músicos que, como indica la misma, continuaron tocando hasta el final.

En 2007 viajé a Derry, Irlanda del Norte por motivos laborales. Cuando aterricé en Belfast no podía creer mi suerte cuando ví las grúas de los astilleros Harland & Wolff desde la pista de aterrizaje (el aeropuerto George Best – Belfast City está situado en la zona portuaria de la ciudad).
Un año más tarde volví a Irlanda y visité todos los lugares que pude que tenían relación con el Titanic, incluyendo el dique seco donde se construyó.

Para finalizar, me gustaría mencionar también que en 2003 visité una exposición acerca del barco que se organizó en el Aquarium Finisterrae de La Coruña. Una exposición muy interesante en la que se podían ver objetos originales recuperados, así como reproducciones de partes del mismo como por ejemplo, uno de los pasillos de los camarotes de primera clase.
Al final de esa exposición se comentaba un hecho curioso que ha terminado por convertirse en una superstición, tocar un bloque de hielo trae buena suerte. Al parecer, todas las personas que estaban en la cubierta del barco jugando con el hielo se salvaron.

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