Niños, no hagáis esto en casa

Soy una ávida lectora y como tal leo todo lo que pasa por mis manos, desde libros y manuales hasta las etiquetas de las botellas de champú 😛
Los temas son totalmente diversos, como por ejemplo, la masacre en los Juegos Olímpicos de Munich en 1972, los manuales de entrenamiento del Mossad (Servicio de Inteligencia de Israel) y del IRA (Ejército Republicano Irlandés), la guerra de guerrillas, el desastre de Chernóbil, etc.

Precisamente leyendo sobre Chernóbil me interesé por las historias del descubrimiento de materiales radiactivos. Leí acerca de Wilhelm Roentgen (descubridor de los Rayos X), Marie Curie y otros muchos personajes; Sobre todo, impresiona conocer los efectos que la radiación causa en las personas. Como es lógico, los investigadores que estaban expuestos a la radiación por su trabajo acababan sufriendo muertes bastante dolorosas.

Ahora conocemos los efectos de la radiación, pero a finales de 1800 y principios de 1900 esta parte de la ciencia y su aplicación en la medicina estaban aún en pañales. Por aquel entonces, la gente utilizaba estos compuestos de forma indiscriminada y los matasanos médicos las recetaban para casi cualquier cosa. Según ellos el Radio era milagroso y curaba cosas tan diferentes como el acné y la impotencia.

Especialmente llamativa es la historia de Eben Byers. Este industrial de Pittsburgh (Pensilvania) tomó durante varios años un preparado de agua mezclada con Radio llamado Radithor. Este preparado al principio le ayudó a calmar los dolores de una antigua lesión en un brazo y le devolvió su vigor sexual. Poco podía imaginar que acabaría convirtiéndose en una pila andante de residuos radiactivos.
Byers llegó a consumir unas 1400 botellas de Radithor durante algo más de dos años y medio. A partir de entonces comenzó a perder peso y a quejarse de fuertes dolores de cabeza. Poco después se le cayeron los dientes, se le abrieron agujeros en el cráneo y la boca se le deshizo, literalmente.
Un artículo publicado en el Wall Street Journal llevaba el titular “El agua radiada funcionó bien hasta que se le cayó la mandíbula”.

Al parecer, y según este otro artículo, Byers no era el único que consumía este tipo de medicina. El Radithor molaba mogollón porque era el único medicamento que brillaba en la oscuridad. Lo que los consumidores no sabían es que era precisamente ese brillo lo que indicaba el poder contaminante del producto.

Afortunadamente, el Radithor fue retirado en 1931. Pero el daño ya estaba hecho porque se habían vendido más de medio millón de estas botellitas.

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