Hablando se entiende la gente… o no

Cuando empezamos a organizar el viaje a China no me preocupé demasiado por aprender el idioma local. Partíamos en poco mas de un mes, por lo que no teníamos mucho tiempo para aprender algo que no fuese “hola”, “buenos días/tardes/noches” o “gracias”.
Shanghai es una ciudad en la que durante muchos años ha habido presencia internacional, así que muy mal se nos tendría que dar para no encontrar a alguien que hablase inglés.

En el 99% de los casos acabamos comunicándonos por señas.I <3 China

Aterrizamos en Shanghai casi a medianoche. A esa hora no funcionaba el metro y tuvimos que buscar un taxi.
Por señas y hablando algo de inglés conseguimos contratar sin problemas uno con una empresa privada.

En los bares y restaurantes señalabas la carta y les decías uno, dos, tres o los que fuesen con los dedos para que te trajesen la cantidad y el producto que querías.

En el metro intentabas hacerte entender por señas o en seudo inglés para que te vendiesen un bono de viajes para uno o varios días.

Con este panorama creía que sería bastante mas difícil conseguir encontrar una farmacia; Yo que iba preparada para cualquier eventualidad llevaba casi de todo en la maleta. Casi, porque para lo único que no llevaba nada era para las ampollas en los pies. Pues oye, tuve la mala suerte de que me saliese una ampolla en la planta del pie. Total, que por señas conseguí hacerme entender para llegar a una farmacia. Eso sí, pedir allí fue algo mas complicado 🙂
Para que la dependienta y yo nos entendiésemos usamos este sistema: yo tecleaba en su iPhone en inglés y ella le daba a un botoncito y el programa lo traducía al chino. Bueno, al final me llevé una cremita y en un par de días estaba totalmente recuperada.

Con la gente que no sabía inglés te entendías por señas. Mas peligrosos eran, en mi opinión, los que no entendían y creían que sí. ¡Uff! que miedito.

La primera noche fuimos a tomar unas cervecitas y unas tapitas en un local de Nanjing Road (Chez L’Ami).
Allí tuve una de las conversaciones mas surrealistas de los últimos años…

Camarero: ¿Qué van a querer?
Aninha: Para mí xxx y un sándwich para mi marido
C: (haciendo aspavientos) ¡No, tienes que pedir otra cosa!
A: Vale, entonces tráeme un sándwich y unas salchichas con jamón
C: OK, un sándwich y unas salchichas con piña
A: No, no… El sándwich sí, pero tráeme las salchichas con jamón
C: OK, el sándwich y las salchichas con piña, que están muy ricas
A: ¡No, no quiero las salchichas con piña! Quiero las que vienen con jamón
C: Pero, ¿por qué? si están muy buenas
A: Vamos a ver, yo no te he pedido esas, te estoy pidiendo las que traen jamón
… en ese momento se empieza a ver cómo mi sangre comienza a hervir, en sentido figurado… Bajo la mirada por no pegarle un grito al camarero y me concentro en la carta…
T: (intentando arreglarlo) es que no le gusta la piña
A: hmmmm….
… tic tac tic tac… la sangre continúa hirviendo…
A: ¡Mira!, me vas a traer el sándwich y las salchichas con jamón. ¡No me traigas las que vienen con piña!, ¿ok??

En el momento estaba cabreada, pero después de un rato se me pasó. No dudaba que las salchichas con piña estuviesen ricas, de hecho las probamos la última noche que estuvimos allí y sí lo estaban, pero yo le estaba pidiendo otra cosa y el tío erre que erre con las salchichas con piña. Horas mas tarde nos partíamos de risa recordando la conversación 🙂

Otro que también daba miedo pero que al final mandé a paseo fue un señor que se me acercó cuando estaba tomando fotos en la zona del Bund. El tío venga a preguntarme si yo hablaba inglés. Yo venga a decirle que sí pero como cuando él hablaba no se le entendía le pedía que repitiese una y otra vez lo que quería. Total, que al final lo que quería era mirar por el visor de mi cámara digital.
Lo mandé a tomar viento. ¡Mira el tío este, haciéndose el tonto lo que quiere es mangarme la cámara! ¡Chaval, que yo estoy de vuelta de estas cosas! ¿No ves que vengo de un sitio mas chungo que Shanghai? 😛

Lo que pudimos comprobar durante nuestra estancia es que los chinos aparentan agresividad tanto el lenguaje corporal como en la forma de expresarse.
Parecía que estaban todo el tiempo cabreados con el mundo; Cuando les pedías algo y no lo tenían, empezaban a hacer aspavientos y a decir que no con la cabeza muy rápido y de una forma brusca. Después de la primera vez que te lo hacían te dabas cuenta de que no significaba que no te lo quisieran vender, sino que ese artículo estaba agotado.
Esa agresividad debe ser exclusiva de China. En India no recuerdo haberla experimentado; Un compañero de trabajo de nacionalidad filipina comentaba que esa brusquedad era algo que le chocaba cada vez que visitaba el país.
La noche que llegamos cuando contratamos la carrera en taxi hasta el hotel ya nos llamó la atención que la señora fuese brusca. No solo iba corriendo de acá para allá, sino que además le echó una bronca tremenda por teléfono al taxista por no estar en el sitio en el que habían quedado.

Para terminar, me gustaría hablar acerca de otra cosa que vimos y para la que ya íbamos preparados. La reacción de los chinos cuando no entienden lo que se les dice.
En numerosas guías de viaje explican que cuando los chinos no entienden comienzan a sonreír e incluso a reírse. Estas guías recomiendan encarecidamente a los viajeros que tengan paciencia, que no se lo tomen como algo personal e indican que esa reacción ha causado mas de un altercado entre chinos y turistas… Me lo puedo imaginar 🙂

Turista: ¿Cómo? ¿Te estás riendo de mí?
Chino: No te entiendo 🙂
Turista: ¡Me cago en tus muelas! ¡Toma!!

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